Vía Crucis toma como punto de partida una de las estructuras simbólicas más arraigadas de la tradición cristiana para proponer una lectura contemporánea desde la experiencia histórica de las mujeres.
A través de una secuencia de estaciones, el proyecto establece un paralelismo entre el camino de la cruz y las formas de sufrimiento, violencia, humillación, culpa y resistencia que han atravesado la construcción cultural de lo femenino.
La pintura funciona aquí como espacio de denuncia, memoria y reparación simbólica, desplazando una iconografía tradicional hacia una lectura crítica, feminista y profundamente contemporánea.